Después del incidente en el parque, Eric llevó a sus hijos a un restaurante de comida rápida, no era amante de ese tipo de comidas, pero los niños le habían insistido bastante.
Henry y Olivia, con sus rostros sonrientes, se sentaron en la mesa mientras Eric iba a pedir la comida. Los observó a la distancia, sintiendo una punzada de orgullo. Habían crecido tanto, y él se había perdido la mayor parte de sus vidas.
Cuando regresó con las bandejas de comida, Olivia lo miró con sus enormes ojos miel.
—Papá, ¿de verdad estaré bien? —le preguntó, señalando su rodilla con la pequeña curita.
—Estarás muy bien, princesa —le dijo, con voz suave—. Eres una chica muy valiente y fuerte.
Henry, con su boca llena de papas fritas, lo miró y le dijo.
—Papá, ¿por qué no vienes más a menudo a visitarnos?
La pregunta de Henry lo tomó por sorpresa. Eric tragó con dificultad y, con el corazón en un puño, le respondió.
—Hijo, tu mamá y yo estamos intentando que las cosas funcionen. Además está el trabajo de