Eric abrió los ojos lentamente esa mañana, sintiéndose apresado por un terrible dolor de cabeza que palpitaba en sus sienes. En ese momento, se arrepintió de haber bebido demasiado, pero ya era tarde. No había más nada que hacer más que aliviar ese dolor. Con un gemido, se levantó de la cama y se dirigió a la cocina. Abrió la nevera y sacó una bebida isotónica, de esas que prometen rehidratar el cuerpo y reponer electrolitos. La bebió de un trago, esperando que hiciera su magia.
Se dirigió al b