Eric Harrington, al llegar a la compañía, volvió a acaparar la atención, a ser el centro de todas las miradas curiosas. Suspiró. Los focos estaban sobre él, las miradas curiosas y los suspiros ahogados de las mujeres que comentaban entre ellas lo guapo que era su jefe, lo realmente perfecto que se veía cada mañana con sus trajes y su ropa impecable.
—Es demasiado guapo. Lástima que ya está casado —comentó una, con un tono de resignación.
—Ni que te fuera a prestar atención —replicó otra, más pr