Pasaron algunos días en los que Ania siguió en prisión sin volver a recibir la visita de su esposo, solo su hermana, Alicia, estaba al pendiente de Ania.
Era una tortura estar encerrada en ese frío y solitario calabozo, pero Ania encontraba alivio en las visitas diarias de Alicia, quien le llevaba cambios de ropa, comida fresca, revistas o libros para su entretenimiento.
Hasta que, por fin, llegó el día en qué Liam regresó, y entró a los calabozos, acompañado de un policía.
— ¡Liam…! — Ansio