— Buenas tardes a todos los presentes… — Saludó el abogado entrando en la oficina.
— Buenas tardes… — Respondieron Ania, Elián, Ezequiel y las empleadas del servicio, quienes lo esperaban.
— Bueno, me imagino que ya saben por qué les pedí venir… — Siguió el abogado acomodándose frente a su escritorio, mientras buscaba una carpeta en su maletín.
— No, aún no tenemos ni idea… — Murmuró Ania con Elián abrazado en su regazo.
— Aquí está… — El abogado sacó un papel. — Este es el testamento de la