Era temprano, todos tomaban la nueva ronda de café que repartían las empleadas del servicio, una nueva ronda de gente comenzaba a llegar la casa para dar sus condolencias por el fallecimiento de la señora Gil.
Las caras largas de todos en la casa, sus ojos apagados y ojeras, era la muestra del cansancio, el llanto y el dolor que pasaban desde el día anterior, pero en medio de todo eso, Ania y el resto de los empleados, hacían todo lo que podían por darle una despedida digna a su estimada jefa