Era arrastrada con violencia hacia los calabozos por un guardia, su pobre cuerpo pequeño ante ese ataque, solo pudo hacer lo primero que se le ocurrió.
Sacó de su cabello un punzón con que se agarraba el pelo y se lo clavó en la pierna y el guardia chilló y la soltó y ella lo empujó contra la pared y salió corriendo.
No sabía para dónde ir y buscó una salida, cuando la encontró vio a los guardias vigilando, se las jugó.
Se acercó a ellos y les dijo con autoridad.
—Señores, los requieren en el sa