Zinga se ponía un vestido, hacía mucho tiempo que no usaba uno, después de que perdiera a su familia a manos de los grises había dejado su parte femenina, por una parte, más guerrera.
Recordaba cuando era parte de la comunidad, cocinaba en un fogón fuera de su casa.
Su pequeño hijo, Yamal, llegaba con la leña y su esposo volvía con la caza del día.
—Traje un jabalí, me costó cazarlo, pero espero que hagas un buen asado.
Ella sonrió, era su día a día, no le importaba hacerse cargo de la casa, de