Adara tomó el té y se recostó en la cama a esperar que todo estallara. Cerró sus ojos y se durmió profundamente.
Cuando Agar despertó y vio a sus dos hermanas dormidas y luego a Lysandro y a Orestes, lo supo.
Corrió a las mazmorras y vio a los guardias dormidos.
—¡No! ¡No!
Fue a la celda y estaba vacía.
—Maldita, maldita traicionera.
Corrió a buscar a Adara que dormía plácidamente y Orestes se despertó y se dio cuenta de que estaba en el comedor.
—Cielos, me quedé dormido.
—¡Nos drogaron, idiota! Fue Adara.
Subía a buscarla.
—La mataré.
Orestes con costes fue tras ella. Abrió la puerta de su habitación y la encontró dormida.
—¡Perra maldita!
—Espera… Espera… Ella duerme.
—Está haciéndose la muy estúpida.
La zarandeó y ella no reaccionó.
—No reacciona.
—Alguien nos drogó a todos.
—¡Fue ella!
—¿Cómo es posible que lo sea?
—Lo sé, es intuición de bruja.
La cacheteó y ella no reaccionaba. Vio la taza y la olió.
—Esto tiene Ananda, una hoja muy tóxica para dormir a un ejército.
—Entonces…