Dicen que todo tiene su precio, pero la libertad costaba oro, vida y almas, pensó Agar.Sus días en la cueva mal oliente habían pasado como una exhalación y ahora, rodeada de joyas y piedras preciosas, se sentía compensada. Cada vez que contemplaba el rubí de porte exuberante en su dedo, Agar sentía una profunda satisfacción.Era una mujer sabia, pero no de la buena sabiduría: la suya era oscura, la que mueve demonios y corrompe almas.Sus maldades se habían convertido en leyendas que helaban la sangre de niños en noches frías.Ella era el motivo por el cual los pueblos colgaban verbenas y hierbas, espanta—brujas en las puertas.Porque Agar no era una simple hechicera: era una bruja inmortal, una de aquellas que en su tiempo torturaron al mundo.Fue tan temida que siete reyes unieron sus coronas para sellarla, y lo lograron por muchos años… hasta que otro rey, ambicioso, pagó el precio de liberarla.Ahora, con la copa transparente llena de vino de dátiles en la mano, escuchaba a su si
Ler mais