El corazón de Adara estaba en un puño, rodeada de enemigos y sin poder ayudar a su gran amor.
Tan solo tenía su vínculo y algo de ingenio. Recordó los escritos y se encerró a leerlos, tenía que hallar una solución y poder neutralizar a las brujas milenarias.
Encontró una hierba llamada Ananda, pues se decía que una princesa quiso evitar un matrimonio y puso en la bebida de todo el reino este monte y durmió a todos.
Tenía que encontrar esa hierba, fue a la cocina en donde todos estaban en lo suyo y le dijo a una muchacha.
—Necesito dormir, ¿tienen una hierba llamada Ananda?
La joven meditó en su pedido y le señaló.
—Es hierba es muy fuerte, si la tenemos, pero bajo seguro.
—Es la única hierba que me ayuda a dormir.
Ella le indicó a la supervisora.
—Ella tiene las llaves, lo siento.
Eso no salía como esperaba, tenía que hacer algo para usar esa hierba.
—Necesito más eneldo —dijo el cocinero—. Berenice, más eneldo.
—Sí, ya te escuché.
Se acercaba a una puerta y sacaba una gruesa llave y