Las cuevas que circundaban esos lugares eran muy profundas. Nadie sabía con certeza dónde estaba la bruja.
Se aventuró buscando alguna señal, pero el agua subía y tuvo que desistir.
Meditó en el sitio, si la bruja estaba viva, como suponía, no lo pondrían en donde el agua la ahogara.
Decidió ir más arriba y escaló con dificultad.
—Esto te costará, Adara de Lotar.
Llegó con dificultad a una cueva que olía horrible como a pescado podrido.
—Debe ser aquí.
Vio restos de peces y ratas, el suelo estaba húmedo y veía piedras de sal, mucha sal y escuchó un quejido inhumano.
—Huelo… huelo a un viejo… ¡Qué asco!
Estaba en el lugar correcto. Se acercó con cuidado, estaba en lo más profundo y estaba oscuro.
Encendió una antorcha que colgaba en el lugar, bancos de sal se apilaban y en medio de restos de peces, algas o animales.
—¿Quién se acerca? ¿Son ustedes malditos?
Cuando vio la luz protestó, su apariencia era muy ajada y su cabello caía al suelo de un tono opaco, alrededor veía huesos y restos