Stefano estaba molesto por el beso que la joven le había plantado, no esperó que Adara usara ese tipo de trucos con él.
La joven le servía esa noche y comentó.
—Es una linda noche sin luna, antes creía que las noches con luna eran… Románticas.
—¿Por qué hiciste eso?
Ella se dio por desentendida y le ofreció más comida.
—¿Más asado?
—Si crees que eso podrá funcionar, no lo hará, estoy maldito y no quiero que mi maldición te alcance.
Adara le dijo con dolor.
—Es el intento desesperado de una mujer que ansía tu respeto.
—Solo quiero cuidar de ti.
—¿Por qué?
Silencio.
—Necesito ayudarte y no me lo permites.
Stefano se levantó a mirar por el balcón y ella se acercó a él.
—La vida quiso que camináramos este sendero juntos.
Sus rostros quedan muy cerca. Adara no retrocedía, lo observa fijamente.
Stefano bajó la mirada hacia sus labios, por un instante, el deseo fue más fuerte, pero apartó la vista, controlándose con una fuerza desconcertante.
Adara le susurró.
—Si de verdad fueras un peligro…