Adara estaba recostada en el mueble mirando al techo y le dijo a su esposo.
—Esa duquesa me dio mal sentir.
—¿En serio?
—Sí, parece saber más de lo que refleja y te tiene deseos.
—No puedes culparla por su buen gusto.
Ella lo miró molesta y él le preguntó.
—¿Estás celosa?
—No, ¿a ti te molesta Orestes?
Ese sujeto, Dios, si pudiera le arrancaría la cabeza.
—A veces…
—¿Por qué?
—Quiere mi cabeza, tal vez desea añadirme a sus trofeos.
La joven comentó sus reflexiones.
—Desde que estoy aquí he anali