Adara estaba recostada en el mueble mirando al techo y le dijo a su esposo.
—Esa duquesa me dio mal sentir.
—¿En serio?
—Sí, parece saber más de lo que refleja y te tiene deseos.
—No puedes culparla por su buen gusto.
Ella lo miró molesta y él le preguntó.
—¿Estás celosa?
—No, ¿a ti te molesta Orestes?
Ese sujeto, Dios, si pudiera le arrancaría la cabeza.
—A veces…
—¿Por qué?
—Quiere mi cabeza, tal vez desea añadirme a sus trofeos.
La joven comentó sus reflexiones.
—Desde que estoy aquí he analizado muy bien tu comportamiento como lobo azul, creo que es un encantamiento milenario.
Él no entendió y ella le comentó.
—He leído muchas novelas que el monje escribió y en una llamada la maldición, hablaba de ciertas brujas antiguas.
Stefano miraba por el balcón y Adara seguía su análisis.
—Tal vez una bruja antigua sea la responsable.
El joven le explicó.
—Lo que sé de esas criaturas es que fueron perseguidas, algunas destruidas y otras selladas. Mi abuelo selló una, mi padre siempre cuenta e