Tímidamente tanteo el manillar de la puerta, insegura del paso que estoy a punto de dar.
A diferencia de lo que creía, Badel no interrumpió la escena y menos aún se unió a ella, como tanto su mirada me indicaba deseaba hacer.
En su lugar llamó con la calidez suave de un padre orgulloso de sus hijos, al par que me había hecho darme cuenta de algo que inconscientemente yo ya había aceptado, hasta hacer que ambos se alejaran risueños de mí, para acomodarse a un costado de su padre en el marco de l