SETENTA Y UNO
—ARYEN—

Otro rugido feroz de advertencia fue expulsado por Nox, quien lideraba la formación estratégica de alerta, demasiados conscientes de la amenaza aún oculta entre los árboles.

Podíamos olerlos.

Podíamos escucharlos.

Y la distinción de su aroma erizaba nuestro pelaje, agitando la agresividad de nuestras bestias.

¿Qué hacen aquí?

¿Cómo nos han descubierto?

¿En que momento fallo nuestra barrera protectora?

¿Fue acaso el día en el que mi monstruo tomó el control?

La culpa me machaca m
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