El sonido de la artillería pesada destrozando el frente del pabellón era ensordecedor. Las ráfagas de los drones del Síndico caían sobre los vehículos blindados del Consejo como una lluvia de meteoritos. Las paredes de madera crujían, astillándose bajo el peso del fuego cruzado.
—¡Es una masacre mutua! —grité por encima del estruendo, agachándome detrás de una pesada mesa de roble—. ¡Están tan ocupados aniquilándose entre ellos que han descuidado la retaguardia!
Adrián asintió, sus ojos oscuros