La decisión fue agonizante.
Al final, no fui al hospital. Le envié un mensaje a Salcedo pidiéndole que estuviera con mi padre y que me mantuviera informada. Esta noche había elegido quedarme. Elegí a Adrián.
O al menos eso creía.
Bajé a la cocina a las ocho y media, nerviosa, con un vestido negro corto y sencillo que Matilde había dejado preparado. El aroma a café recién hecho llenaba el aire. Adrián estaba de espaldas, sirviendo dos tazas. Se había cambiado: camisa negra arremangada y pantalón