El estruendo de los rotores del helicóptero hacía vibrar las paredes del sótano, desprendiendo polvo del techo sobre los documentos del Consorcio. Las luces de búsqueda atravesaban las rendijas de la trampilla metálica como cuchillas de luz blanca. Estábamos atrapados.
—Mauricio no ha venido solo —susurró Adrián, pegando la espalda a la pared de concreto mientras revisaba el cargador de su pistola—. Ha traído a los mercenarios europeos. No quieren el documento, Elena. Quieren eliminarnos para q