El colapso de mi cuerpo no fue producto de ningún veneno exótico, sino del peso aplastante de la verdad. El estrés extremo, las horas sin dormir y el shock de la traición de mi padre habían provocado una crisis de agotamiento tan severa que mi propio sistema nervioso había cortado la corriente.
Cuando abrí los ojos, el olor a humedad de la fábrica abandonada me golpeó de inmediato. Estaba recostada sobre un catre en lo que alguna vez fue la oficina del supervisor. La chaqueta de traje de Adrián