El timbre del teléfono de la suite presidencial repicaba con la cadencia monótona de una bomba de tiempo. El pestillo electrónico de la puerta principal seguía bloqueado, dejándonos atrapados en el epicentro del primer movimiento de Hans en Ginebra.
Agustín reaccionó con la velocidad de un depredador sofisticado. Sacó un dispositivo de interferencia de su bolsillo, anulando las frecuencias de la habitación para evitar que estuviéramos siendo escuchados, mientras se acercaba a mí. Su cercanía f