Mundo ficciónIniciar sesiónAmbas mujeres la escucharon claramente, y por la expresión en el rostro de Kirstie, Indianna supo que tenía razón. No había duda de la furia en los ojos de Kirstie. Indianna sabía que nada podía provocar ese tipo de enojo aparte de tu mate, o en este caso, alguien coqueteando con tu mate.
Las mejillas de Kirstie estaban teñidas de rojo y tenía un brillo malévolo en la mirada.
Kimberly no tenía idea de a quién estaba provocando.
"¡La muy zorra lo besó!", gritó Kirstie alzando los brazos. "En primer lugar, ¡ella sabía que él no estaba soltero!, y en segundo lugar, ¡él le lleva como diez años! ¡Es una niña queriendo pasarse de lista con mi mate! ¡Quiero sangre!"
"Kirstie, tienes que calmarte", dijo Laura intentando tranquilizarla. "Tu loba está fuera de control. Sé que estás enojada, y tienes todo el derecho de estarlo, pero necesitas calmarte, linda."
Kirstie suspiró y cerró los ojos.
A Indianna le impactó que Kimberly hiciera algo tan ridículo. Kimberly tenía la edad de Indianna y Mac tenía veintiséis años. Indianna no tenía la menor idea de qué pasaba por la cabeza de Kimberly.
Esa chica era inestable mentalmente.
"¡Kirstie, nena!", llamó Mac mientras entraba a la cocina y rodeaba con sus brazos a su enojada mate. "Puedo sentir tu enojo. Me está dando dolor de cabeza", murmuró y hundió la nariz en el cuello de Kirstie. "No te enojes tanto. No tienes nada de qué preocuparte."
"Lo sé. ¡Es solo que la odio!", gruñó Kirstie.
Mac le besó la mejilla.
"Cálmate", dijo suavemente. "Te amo."
"Yo también te amo", susurró Kirstie.
Indianna los observó con un toque de celos.
Ver a Kirstie y a Mac juntos hizo que Indianna quisiera tener lo que ellos tenían.
El uno al otro.
Amor.
"Está en su habitación", le dijo Laura en voz baja a Indianna. "Lo vi subir. No pongas cara de que no sabes de qué estoy hablando. Se te nota en todo el rostro. Quieres a tu mate."
"También quiero seguir enojada con él", murmuró Indianna.
Laura le dirigió una sonrisa comprensiva.
"A veces eso no siempre es posible cuando se trata de tu mate."
"Ni que lo digas."
"Ve", dijo Laura suavemente y le dio un empujoncito a Indianna hacia la puerta. "Ve a verlo."
Indianna se mordió el labio y asintió. Recogió su bolsa y salió de la cocina.
Subió las escaleras y se detuvo frente a la puerta de Greyson. Aguzó el oído e intentó escucharlo, pero solo había silencio.
"¿Greyson?", llamó y abrió la puerta.
Entró a su habitación vacía. Olía a él, y el simple hecho de estar en un cuarto donde él pasaba tanto tiempo hacía que la piel de Indianna hormigueara de emoción.
Indianna dejó caer su bolsa al suelo. La puerta se cerró detrás de ella a medida que se adentraba en la habitación.
"Grey..."
Indianna ahogó un grito cuando la hicieron girar bruscamente y unos labios conocidos se estrellaron contra los suyos.
Las chispas explotaron ante su contacto e Indianna respondió de inmediato, rodeándole el cuello con los brazos y enredando los dedos en su suave cabello. Soltó un suave gemido y le jaló un poco el cabello antes de abrir la boca y dejar que la lengua de Greyson profundizara el beso.
Era absurdo cómo una sola persona podía hacerla sentir tan increíble.
"Soy increíble", susurró Greyson al romper el beso.
Rodeó la cintura de Indianna con los brazos y la acercó más a él.
"Eso es debatible", dijo Indianna, alzando la vista hacia sus ojos cautivadores. "No te he perdonado", añadió con un suspiro, "pero no puedo estar lejos de ti."
Greyson tuvo que morderse el labio para evitar sonreír con picardía.
"De acuerdo", asintió él.
"Quiero que lo intentes", dijo Indianna.
Greyson asintió. "Intentaré tratarte más como a una igual. Quiero que tú también lo intentes."
"¿Intentar qué?"
"A tener más confianza. A relacionarte más con los miembros de la manada. Prometo que me esforzaré contigo si tú te esfuerzas con ellos", dijo Greyson.
Indianna tragó saliva, sabiendo que Greyson en realidad no la dejaría decir que no.
Ella era la Luna.
"Está bien", murmuró.
Greyson sonrió con suficiencia y besó a Indianna en los labios.
"Tengo algo de trabajo que hacer en mi oficina", dijo Greyson. "Te diría que vinieras conmigo, pero tengo como una docena de llamadas telefónicas que hacer y te vas a aburrir mucho. Regresa abajo con mi mamá. Me da gusto ver que se llevan bien."
Indianna frunció el ceño.
"¿Cómo supiste...?"
Greyson esbozó una sonrisa socarrona cuando Indianna dejó de hablar.
"Siempre estoy en tu cabeza. No siempre estoy observando, pero necesito saber si estás a salvo. Si no, me pongo muy ansioso."
"Es tan agotador mentalmente", dijo Indianna. "¿Cómo estás en mi cabeza todo el tiempo? A mí me cuesta un esfuerzo enorme hacerlo solo por unos minutos. Tengo que concentrarme únicamente en ti. No puedo hacer otra cosa. ¿Cómo puedes hacerlo tú todo el tiempo?"
"Pienso en que podría pasarte algo malo por no haberme molestado en quedarme en tu cabeza", se encogió de hombros Greyson. "Y entonces ya no parece tan difícil."
"Bueno, eso me hace parecer una mate despreocupada", murmuró Indianna.
Greyson sonrió con picardía.
"Me tengo que ir", dijo. "Intentaré no tardar."
"Tómate tu tiempo", se encogió de hombros Indianna.
"¿Y desperdiciar tiempo lejos de ti? Esta es la primera vez que realmente te da gusto tenerme cerca desde la pelea. Quiero pasar todo el tiempo posible contigo."
"No diría que me da gusto", se encogió de hombros Indianna, pero Greyson sabía que solo lo estaba molestando.
Se rió entre dientes y sacudió la cabeza.
"Te veo al rato."
Puso su mano en la nuca de Indianna y la atrajo hacia su pecho. Le besó la frente e inhaló su dulce aroma, agradeciéndole a la Diosa Luna que ella ya no estuviera intentando pelear con él.
"Cariño, lo voy a intentar. Te lo prometo."







