Nos separamos después del beso. Alexander se mostraba verdaderamente sorprendido, gratamente sorprendido. Era hermoso tener a su esposa ahí con él, cuando se suponía que llegaría tres días más tarde.
—Me encanta que hayas adelantado el viaje —me abrazó con gran ternura—. Debes de venir muy cansada, ven, vamos a que comas algo. Debió ser un viaje agotador —me tomó de la mano. Algo en su rostro me hizo pensar que acababa de tener una idea.
—¿Está Margaret aquí? Mi padre me acaba de decir que vio