Yo seguía tomando una copa de vino tras otra. Mi hermano, quien me miraba fijamente, parecía resignado a ser mi cuidador oficial esa noche. Sentía que todo se me movía.
—¿Sabes algo, Pat? Yo lo amaba. Y creo que lo sigo amando. Pero nunca, nunca lo voy a perdonar. Y ahora quiere un hijo. Si cree que voy a darle un hijo, está loco —decía yo, mientras tomaba otro gran sorbo—. Primero dejo que me quiten la empresa.
—Creo que debes dejar de tomar. Deberíamos irnos a casa. Mañana te vas a arrepen