El acero de su espada relucía bajo la luz de la fogata. Wolf, solo en su cabaña, afilaba la hoja con movimientos lentos y metódicos. No era una preparación para la batalla, sino un ritual, un intento de calmar la tormenta que se desataba en su interior. Las palabras del guerrero resonaban en su cabeza, un eco frío y certero: "Si te niegas a seguir las leyes, perderás el respeto de tus hombres". El guerrero tenía razón, pero lo que Wolf sentía en ese momento era más fuerte que cualquier ley o re