Wolf y el Anciano Gylfi se arrastraron fuera del castillo a través de un angosto túnel de drenaje, un pasadizo que Gylfi, como miembro del Consejo, había conocido en su juventud. El hedor de la humedad y el moho era abrumador, pero la promesa del aire fresco y la libertad era más fuerte.
Al salir a una zona boscosa detrás de los muros exteriores, Wolf soltó a Gylfi, que cayó al suelo y vomitó, agotado por el terror y el esfuerzo físico.
—¡Levántate, Anciano! —ordenó Wolf, su voz tensa por la ur