El sendero del Norte se reveló como un camino de sufrimiento. No era un camino, sino una vieja herida en la ladera de la montaña. Para Christina, cada paso era una batalla. El resto del veneno, que se negaba a abandonarla del todo, se combinaba ahora con el peso de la nueva vida. La conciencia del bebé no era solo una alegría; era un ancla que la hacía más lenta, más vulnerable. Sus piernas, aún débiles por el encierro, temblaban con el esfuerzo.
Astrid caminaba a su lado como una sombra, fuert