El Capitán Gorok corría tras el Anciano Gylfi. El sonido de su pesada armadura y las botas de sus guardias resonaba en los pasillos, ahogando los gritos de asombro de los sirvientes y los ancianos. Gylfi, viejo y cobarde, se movía impulsado por el terror puro.
Giró bruscamente en un corredor lateral, esperando encontrar una escalera o una salida al patio, pero en su lugar se encontró frente a la oscura puerta de un cuartel de intendencia abandonado. Sin pensarlo, empujó la pesada madera y se pr