El segundo día sin Tiago comenzó igual que el anterior: con el silencio masticando las paredes del despacho de Catalina y el reloj avanzando como si no tuviera prisa.
Jimena intentó concentrarse en los informes que tenía frente a ella, pero sus ojos no dejaban de buscar, casi de forma involuntaria, ese nombre en su lista de correo o en las puertas del pasillo.
Nada. Ni una palabra de Tiago. Ni una señal de su existencia.
Las horas pasaban y ese espacio vacío se agrandaba dentro de ella como una