Pasó otra noche, donde Jimena solo esperaba que amaneciera, para llegar a la empresa y por supuesto, ver a ese hombre que la descontrolaba, aunque lo negará.
La mañana comenzó como cualquier otra: con el sonido lejano del tráfico matutino, los tacones resonando por los pasillos de la empresa, los ascensores subiendo y bajando como el ritmo constante de un corazón corporativo, los correos acumulándose uno tras otro… y una ausencia.
Jimena Dávila estaba sentada en su despacho, la taza de café a m