Durante ese año fue una herida abierta para todos. Para ella, que cargaba un embarazo que jamás podría reconocer. Para Anderson, que vivía con la amenaza perpetua de ser descubierto y para Alejandro que sin saber nada, buscaba desesperadamente llenar el silencio que ella había dejado.
Alejandro llegó por tercera vez al orfanato con el corazón hecho pedazos. La madre Beatriz lo hizo pasar sin cambiar su expresión severa. Él se sentó, respiró hondo y fue directo al punto. —Necesito que reconsider