La partida de Isabelle Helmont ocurrió al amanecer, como si la luz del día fuera demasiado para tocar la sombra que se había convertido su vida. La luz era demasiado y podría dejar en evidencia su traición.
Se marchó sin mirar atrás, dejando en la puerta del hogar Helmont un aroma tenue de perfume y culpa sofocada. Tomó un taxi hacia la estación y luego desapareció en la carretera, lejos de Alejandro, lejos del matrimonio que había traicionado y lejos del hombre cuyo amor aún la sostenía sin sa