Mundo ficciónIniciar sesión—Pero… —intervino la monja, componiendo una sonrisa demasiado correcta, casi defensiva—. Hay una niña. Tiene dos meses de nacida. ¿Les interesa? —la pregunta cayó como una piedra en un estanque quieto.
Alejandro parpadeó, sorprendido, y por un segundo miró a Isabelle antes de responder, como si buscara permiso. Luego volvió la vista hacia la monja y asintió despacio, con una honestidad que no necesitó adornos. —Sí, claro que nos interesa —dijo—. Un hijo es un hijo. No importa si es niña o niño.
Lo decía de verdad. En ese momento, el apellido Helmont, el imperio, la línea sucesoria. Todo eso parecía pequeño frente al vacío que llevaba meses comiéndoselo por dentro. Aunque, en algún rincón silencioso de su mente, aún guardaba la idea, no dicha, no exigida de que tal vez, más ade







