El amanecer trajo una luz gris y sucia que se filtraba por los agujeros de bala en las paredes de la fábrica. El campo de batalla estaba sembrado de restos de tecnología y hombres que habían fallado en su misión. Antonio estaba sentado en un barril de aceite, mirando sus propias manos. No estaban manchadas de sangre física en ese momento, pero se sentía más sucio que nunca.
Mia se acercó a él, caminando con cuidado entre los escombros. Leo estaba dormido en un rincón, o al menos eso parecía;