Capítulo 27: La Guerra de los Mercados
El refugio temporal en la zona industrial olía a hierro oxidado y a la humedad de décadas de abandono. Antonio estaba sentado frente a una terminal improvisada, construida con piezas de servidores rescatados y laptops encriptadas. La luz de las pantallas proyectaba un resplandor azulado y fantasmal sobre su rostro, marcando las ojeras y la tensión de un hombre que sabía que estaba a punto de incendiar su propio nombre. A su lado, Leo observaba los flujos de datos con una fijeza que no pertenecí