Guie a Alice hacia el interior de la casa descansando levemente la mano sobre la parte baja de su espalda. La mansión se sentía diferente tras el caos de los últimos días. Más silenciosa, pero más pesada por la tensión contenida. Saqué mi teléfono y le marque a doña Esperanza mientras caminábamos.
—Consígueme en el comedor —le dije en cuanto contestó.
No esperé respuesta. Colgué y lleve a Alice hacia el solárium, ese espacio amplio y luminoso del segundo piso repleto de grandes ventanales, sill