El viaje de regreso a la mansión fue silencioso por fuera.
Por dentro de mi cabeza, era todo lo contrario.
Mantenía una mano en el volante y con la otra rozaba de vez en cuando la rodilla de Alice mientras dormía en el asiento del copiloto. Se veía en paz, con la cabeza inclinada contra la ventana y su corto cabello azabache cayéndole sobre la cara. De vez en cuando la miraba, recordándome a mí mismo que estaba a salvo. Que la tenía conmigo. Que sin importar lo caótica que se hubiera vuelto la