La joven que había abierto la puerta se hizo a un lado con gracia practicada.
—Pasen.
No me moví de inmediato.
Alex tampoco.
Algo en el silencio entre él y el hombre que estaba más adentro de la casa me erizó la piel.
La expresión de Alex se había vuelto ilegible.
Fría.
Su mirada permaneció fija en el extraño un latido demasiado largo antes de que finalmente se hiciera a un lado y me gesticulara para que entrara primero. Fue entonces cuando me moví.
El aroma fresco de limones y madera pulida me