47. Me sentía miserable.

Zaira

Mi corazón retumba con fuerza. Celina está a punto de decirle a la prometida de Leonardo que yo soy la amante, pero cuando creo que todo está perdido, Marcos interviene.

—Creo que no es el momento para sus peleas, y menos en un hospital. Deberían comportarse. Señora Celina, contrólese. Y señorita Angélica, usted también, recuerde mantener postura.

Mamá me tomó las manos y las apretó con evidente nerviosismo. Angélica miró a Marcos con molestia y luego se encogió de hombros, restándole importancia.

—Tú no eres quién para callarme la boca, pero lo haré por Leo. Y por cierto, ¿cómo puedes traer a tu novia aquí? Oh, ¿está enferma? —soltó con sarcasmo. Yo quise responderle, pero me contuve.

—Señ… Zaira, ve con tu madre al cafetín —me pidió Marcos. Asentí, pero la voz de Celina me detuvo en seco.

—¿La novia de Marcos? No lo creo —mencionó con ironía. Apreté los puños, llena de rabia.

—¿A qué te refieres? ¡Ah, ya sé! ¿Acaso los conoces? Eres tan metida. El hecho de que Leonardo y tú se
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