46. La prometida.
Zaira
Abrí los ojos lentamente; me había quedado dormida. Levante la mirada y vi la hora en el reloj de pared. Era las 6: 15 de la mañana. No había ningún cambio. Leonardo seguía igual, sin abrir los ojos ni una sola vez. Me levanté de la incómoda silla, justo cuando el médico entró con las enfermeras, así que tuve que salir de la habitación. Entré al cuarto de aseo, me quité la bata, el gorro y me refresqué un poco. Al salir, me encontré con Celina. Su rostro seguía desencajado, molesto. No la