46. La prometida.
Zaira
Abrí los ojos lentamente; me había quedado dormida. Levante la mirada y vi la hora en el reloj de pared. Era las 6: 15 de la mañana. No había ningún cambio. Leonardo seguía igual, sin abrir los ojos ni una sola vez. Me levanté de la incómoda silla, justo cuando el médico entró con las enfermeras, así que tuve que salir de la habitación. Entré al cuarto de aseo, me quité la bata, el gorro y me refresqué un poco. Al salir, me encontré con Celina. Su rostro seguía desencajado, molesto. No la saludé porque no quería que me tratara mal otra vez.
Observé al señor Marcos, estaba hablando por teléfono. En cuanto me vio, se acercó.
—¿Cómo lo ve, señorita?
—Está igual… no ha despertado —respondí—. Pero el médico dice que es normal, que quizá la anestesia sigue haciendo efecto.
—Está bien. Yo quisiera entrar a verlo, pero Celina pidió hacerlo primero, así que le daremos el turno a ella —respondió.
En ese momento apareció el médico y nos dio unas indicaciones. Esta vez Celina fue la que ent