48. Queria verla.
Leonardo
Mis párpados pesaban y apenas podía intentar abrirlos. Escuchaba la voz chillona de una mujer, tan escandalosa que me recordó a Angélica.
—Amor, por favor, despierta ya.
—Señorita, tenga paciencia —respondió alguien más.
Las voces me estaban hartando, así que hablé con dificultad.
—Por favor… ¿podrían dejar de hacer tanto ruido? Me duele demasiado la cabeza.
—Por fin despertaste, Leonardo. — gritó la mujer —Escúchame, soy Angélica —dijo ella con dramatismo.
Abrí los ojos y me decepcion