90. Dolorosa realidad
Zaira
No podía creer lo que Leonardo me estaba diciendo.
Las palabras salían de su boca, una tras otra, pero mi mente se negaba a aceptarlas. Era como si el mundo se hubiera detenido de golpe y, aun así, el auto siguiera avanzando a toda velocidad por la carretera. Mi respiración se volvió irregular, corta, desesperada. Sentí un vacío brutal en el pecho, como si alguien me hubiera arrancado algo vital.
—No—susurré, negando con la cabeza—. No, eso no puede estar pasando. Mi hermana Zaleth es una