11. Miedo
Zaira.
Miraba la inmensa casa frente a mis ojos. Parecía un palacete, toda de cantera, con ventanas grandes. El lugar se sentía cálido y el aroma a flores llegaba a escasos metros. Más allá de lo rico del clima, el lugar era pura riqueza y elegancia. Y no era algo para mí. Jamas me vi en un casa así de grande y lujosa.
—Bienvenida sea, señoras. Ahora yo los atenderé. Mi nombre es Bárbara y pronto llegará la que estará adentro de la casa atendiéndola.
—Mucho gusto, Bárbara. Mi nombre es Zaira. —