Estaba paralizada.
Mis pies no se movían, mis labios estaban sellados, mi respiración se volvió leve. Caleb estaba ahí, en medio del Reino del Fuego, rodeado de lobos, ancianos, y sin embargo, parecía cómodo. Triunfante. Como si hubiese estado esperando justo este momento. Como si me estuviera esperando a mí.
—Cariño, ¿por qué tardaste tanto? —me preguntó con esa voz suya, segura, suave y arrogante al mismo tiempo.
¿"Cariño"? Me tomó unos segundos entender que sí, se había referido a mí. ¿Desde