FREYA
El aire del bosque era denso, húmedo. El cielo nublado parecía reflejar exactamente cómo me sentía por dentro. Cada golpe que daba, cada movimiento que hacía junto a mi beta, era un intento por sacarme la furia, la confusión, y... la vergüenza.
Desde hace dos días he evitado a Caleb. No puedo ni mirarlo sin recordar esa cena, ese instante en el que mi cuerpo le respondió con una fuerza que me asustó. Nunca me había sentido así, como mujer... como suya. Fue demasiado. Me asusté. Hice lo ú