RONAN
La sostuve entre mis brazos mientras las lágrimas empapaban su rostro. Astrid temblaba, rota, con la mirada clavada en un punto invisible, como si todavía viera el eco del dolor, como si los gritos de su alma aún resonaran en las paredes del bosque.
—Voy a vengarlo, Astrid —le susurré con la voz rasgada, sintiendo la furia y la tristeza arder en mis venas como fuego líquido—. Voy a hacer que Magnus pague por cada gota de sangre… por nuestro hijo.
Sus ojos se cerraron con fuerza, y un soll