MAGNUS
Los pasos resonaban en los fríos pasillos de piedra, el eco de mis botas golpeando el suelo era el único sonido que rompía el silencio sepulcral de los calabozos. La humedad impregnaba el aire, mezclada con ese hedor agrio a desesperación y abandono. Las antorchas parpadeaban, proyectando sombras largas y temblorosas en las paredes rugosas. No había lugar más perfecto para encerrar a una traidora.
Al final del pasillo, la vi. Ingrid, encadenada a la pared, sucio el cabello y con la piel