El aire estaba denso y pesado, como si cada bocanada se me atorara en la garganta.
La humedad del bosque se aferraba a mi piel y el frío se colaba entre los pliegues de mi ropa.
Mis pies descalzos pisaban el suelo cubierto de hojas y musgo, pero no sentía dolor, solo una sensación de irrealidad, como si estuviera flotando en un mal sueño del que no podía despertar.
Miré a mi alrededor. Árboles altos y sombríos se alzaban en todas direcciones, sus ramas entrelazadas formando un techo oscuro qu