ASTRID
Desperté con un sobresalto, como si un trueno hubiera estallado en mi cabeza. El techo de mi habitación se extendía sobre mí, familiar y desconocido al mismo tiempo.
El dolor palpitante en mis sienes me obligó a llevarme una mano a la frente, cerrando los ojos con fuerza mientras los recuerdos se desvanecían como humo entre mis dedos.
Parpadeé varias veces, intentando aclarar mi visión. El cuarto estaba en penumbra, las cortinas cerradas, y el silencio era denso, aplastante.
Me incorp