ASTRID
El aire olía a bosque y a despedida.
Me abracé a mí misma mientras observaba a Ronan ajustar el abrigo sobre mis hombros.
—Vas a estar bien aquí —me dijo, al fin.
Estábamos fuera de la cabaña, con los árboles enormes rodeándonos como centinelas verdes. Freya, Eunice y Elliot ya habían entrado, dejándonos ese último momento a solas. Incluso Akmar, el enorme león, estaba recostado cerca pero en silencio, respetando la calma.
Se suponía que este viaje era para encontrar paz, y una estabili